
Cultura y salud. Mens sana in corpore sano, en su acepción moderna. Por conocida, no voy a hablar aquí de la cruz de la moneda: la masificación, la turistización social y sus evidentes e imparables consecuencias.
Especialmente destacable es la superación de la anemia en la educación universitaria que hemos vivido durante demasiado tiempo, debido a las insuficientes opciones y a la arraigada tradición de abandono escolar en nuestras islas. Algo común, como se sabe, en sociedades donde el nivel económico viene dado no tanto por el esfuerzo humano como por las cualidades de una naturaleza de por sí inmensamente bella y atractiva.
Según las fuentes consultadas, el 44% de los jóvenes que ha superado la selectividad se va de las islas porque no encuentra la oferta de educación superior que buscaba; porque, pensando en el futuro, el mercado laboral insular tiene escaso atractivo por su baja cualificación; o, también, porque desea vivir en otras geografías el atractivo periodo universitario, que suele recordarse como una de las mejores experiencias en la vida de las personas.
Sin embargo, ahora, la oferta de la universidad privada, normalmente más cara que la pública, está en fase de expansión. A las ya instaladas Escuela Universitaria Felipe Moreno, adscrita a la Universidad Antonio Nebrija de Madrid; el CESAG, de la Universidad Pontificia Comillas; y la recientemente creada Universidad de Mallorca-Adema (UMAC), se suma la potente CEU San Pablo.
¿Será un exceso o entra en los límites de lo razonable y necesario? El mercado lo dirá. Por el momento, aplaudimos esas iniciativas desde el deseo de que consigan mejorar significativamente la competencia en la enseñanza superior insular, conserven talento local y atraigan talento del exterior, reduzcan el abandono formativo y, al mismo tiempo, mejoren las posibilidades de diversificar el mercado laboral hacia nuevos sectores empresariales alternativos al turismo.
Otra de las manifestaciones del nivel de vida que tenemos en estas islas, como refleja el reportaje de Primer Plano que publicamos en esta edición, afecta a la parte de la salud, los cuidados personales y la estética: Balears lidera el auge del ejercicio físico en España. Tiene la mayor densidad empresarial del país, encabeza el gasto por hogar y se sitúa al frente de la práctica regular de deporte. Ahí es nada.
El nivel de bienestar también se refleja en el alto porcentaje de población inscrita en gimnasios, asociaciones o clubes deportivos, sean públicos o privados. Lo que antes eran decisiones que se tomaban casi el día anterior —asistir al gimnasio, ir a una clase, practicar de forma individual o entrenar al aire libre cualquier disciplina deportiva— actualmente está señalado como ineludible en las agendas del día de una gran parte de la ciudadanía. Hace tiempo que el deporte dejó de ser la cita sacrificada en las agendas personales.
Los gimnasios y clubes deportivos, espacios sagrados de hedonismo y narcisismo donde los haya, se han consolidado como centros para socializar, creando ambientes y grupos de amistades entre asistentes con afinidades deportivas, de ocio y bienestar.
Como explicamos en el reportaje, en torno al gimnasio funciona una industria rica y ambiciosa, con largo recorrido, de alimentos naturales para el rendimiento y suplementos de diseño para facilitar la nutrición. Este segmento, junto con la nutricosmética y los complementos antienvejecimiento, ha evolucionado en los últimos 20 años de tal manera que podemos hablar de una facturación actual en torno a los 3.000 millones de euros a nivel nacional, de los que Balears sin duda se lleva un buen pico.
A modo de contrapeso, traigo a colación el reportaje que llevamos en este número sobre nuestra ínfima soberanía alimentaria. En la antigua Roma, el general que después de una victoria entraba sobre el carro triunfal en la ciudad eterna entre vítores del pueblo llevaba a su lado a un siervo que, además de sostener la corona de laurel sobre su cabeza, le iba diciendo: “Memento mori”, “Recuerda que eres mortal”, para rebajar sus ínfulas divinas.
En nuestro caso, debemos recordar: “Memento te insulam fragilem esse”. Recuerda que solo eres una frágil isla.


Deja tu comentario