Mallorca vive un auge del ejercicio físico que va mucho más allá del gimnasio: mezcla salud, imagen, presión social y una industria cada vez más potente.
Hubo un tiempo en que los gimnasios de la isla se contaban con los dedos de una mano. “Había 4 o 5 y todos nos conocíamos: Judo Club Palma, el Olimpic, otro en la calle Huertos…”, recuerda Patricio Gómez, propietario del que probablemente sea el gimnasio en activo más antiguo de Palma, el Chong Ma, abierto en 1976. “No había tanta moda del fitness ni tanto culto al cuerpo como ahora”, asegura.
En aquella época, el interés se concentraba sobre todo en las artes marciales, impulsadas por el imaginario del cine del momento, mientras que la sala de pesas era apenas un complemento. “El único que se dedicaba a pesas y musculación era el Hércules, que al cabo de un tiempo cerró porque no había la afluencia de público que hay ahora”. Hoy, medio siglo después, el panorama es otro.
Patricio Gómez sitúa ese cambio en una cronología muy concreta. “En los años 80 empezó a haber un cambio; musicales populares como Fama empujaron a muchas niñas a la gimnasia. En los 90 se notó que abrieron más gimnasios centrados en la musculación y del 2000 a hoy ha sido un boom y hay por todo”, recapitula.
Mallorca vive ahora una fiebre por el deporte que se deja ver en la proliferación de cadenas, centros boutique, entrenamiento personal y espacios al aire libre; y en una nueva relación con el cuerpo, cada vez más asociada a la imagen, la exposición y la presión social. El gimnasio ya no es solo un lugar al que se va a entrenar: es también un espacio de socialización, una rutina de orden personal y una industria en expansión.
Las grandes cadenas han ganado presencia en Palma y en otros núcleos urbanos, mientras proliferan los centros prémium, los estudios especializados y los entrenamientos personalizados, a la vez que la actividad física se desplaza al exterior con parques de calistenia y zonas biosaludables. Nunca ha habido tantas formas —ni tantos lugares— para entrenar.
La importancia de parecer
El culto al cuerpo no es nuevo. Ya en la antigua Grecia el físico era símbolo de virtud, y en Roma se convirtió en espectáculo. Pero nunca antes el cuerpo había estado tan expuesto ni tan vinculado a la identidad y al reconocimiento social como en la actualidad.
Para el profesor de Sociología de la UIB David Abril, este furor remite a una transformación más profunda de la sociedad, en la que “ya no solo es importante ser, ni siquiera tener, sino parecer. El cuerpo y la imagen que proyectamos”, sostiene, “han pasado a ser un elemento central de nuestras vidas”.
Abril cree que la pandemia aceleró esa lógica al intensificar la digitalización y reforzar una sociedad que “se basa en enseñar todo el tiempo nuestra imagen, y mejor si es la de un cuerpo normativo”. Más que una moda pasajera, interpreta el fenómeno como uno de los nuevos rituales urbanos: “Como las religiones ya no tienen la importancia que tenían antes, algo que nos da orden y estructura en el día a día ahora son los gimnasios o la actividad física”.
En Mallorca, puntualiza, esta tendencia se intensifica. “La misma isla vive de su imagen”, resume. En una sociedad turistizada, donde residentes y visitantes exponen mucho más el cuerpo, la apariencia gana todavía más peso, también en sectores donde, dice, cuenta mucho la imagen que proyectan los trabajadores, en línea con lo que la sociología ha definido como “capital erótico”.
Y todo apunta a que esta dinámica “va para largo”: en una sociedad fragmentada, el gimnasio no solo ofrece socialización, sino también una recompensa visible e inmediata. “El esfuerzo en el gimnasio sí que se nota en el cuerpo a corto plazo. En otros ámbitos de la vida, por desgracia, no es así”.

Foto: IME.
Insatisfacción corporal y presión estética
Pero esa nueva centralidad del cuerpo también tiene un reverso. La psicóloga clínica Esther Bautista, especialista en trastornos de la conducta alimentaria, advierte de que la relación con el cuerpo sigue siendo, en muchos casos, “problemática o conflictiva”, con una insatisfacción corporal que aparece cada vez antes. “Sabemos que el 70% de los adolescentes no se siente cómodo con su cuerpo”, subraya.
La presión estética, añade, no solo no ha desaparecido, sino que “en algunos casos incluso ha aumentado”, pese al auge de movimientos como el body positive, sobre todo por la sobreexposición digital y la omnipresencia de imágenes irreales en redes sociales.
Esa presión afecta también a los hombres. “Actualmente, los estereotipos promueven en ellas la búsqueda de delgadez y en ellos un cuerpo musculoso, definido y atlético”, explica. Bautista alerta de que esa presión puede derivar en insatisfacción corporal, trastornos alimentarios, ejercicio compulsivo o vigorexia.
Y añade un dato: los hombres homosexuales son, tras las mujeres heterosexuales, el grupo más afectado por trastornos de la conducta alimentaria. “Lo que tienen en común estas dos poblaciones es que ambas se construyen a través de la mirada masculina”.
Las redes sociales actúan como un potente amplificador de esa presión, al convertir la comparación en una experiencia constante, “ya que las personas muestran y reciben aprobación a través de ‘me gusta’, comentarios y seguidores”, en un contexto donde rutinas, consejos de influencers y transformaciones corporales pueden fomentar hábitos saludables, pero también reforzar estándares difíciles de alcanzar y sentimientos de culpa.
De ahí que, en su opinión, “en la cultura fitness existe una frontera muy borrosa entre el compromiso y la obsesión o la hiperexigencia”: el problema aparece cuando el ejercicio deja de responder al bienestar y se convierte en una necesidad rígida, marcada por el control y el miedo a no estar a la altura.
Longevidad, salud y profesionalización
Al mismo tiempo que crecen la exposición y la presión sobre el cuerpo, esta transformación está empujando también una mayor profesionalización del sector. Desde la UIB, la jefa de estudios del grado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, Aina Galmés, constata una “evolución muy notable” en los últimos años, “con una creciente presencia social y una mayor sensibilización hacia los beneficios de la actividad física para la salud”.
La implantación del grado en 2024 arrancó, además, con una demanda “extraordinaria”: 275 preinscripciones de primera opción para 35 plazas en su primer curso. A juicio de Galmés, el momento actual responde a una combinación de factores: por un lado, un cambio cultural en torno al cuerpo y la imagen; por otro, una conciencia cada vez más extendida sobre la longevidad, la calidad de vida y el mantenimiento de la autonomía.
En este contexto, la universidad insiste en la necesidad de seguir avanzando en la profesionalización, con perfiles “adecuadamente formados, competentes y con responsabilidad deontológica”, capaces de ofrecer una práctica “segura, de calidad y alineada con las necesidades de la población”.
Entre la búsqueda de salud y la necesidad de encajar, este fenómeno revela hasta qué punto el cuerpo ha pasado a ocupar un lugar central. En Mallorca, donde la imagen pesa en el ocio, el turismo y muchos entornos laborales, esa transformación resulta especialmente visible. Y también medible: en el gasto deportivo, en la proliferación de centros, en la inversión pública y en la consolidación de un sector cada vez más amplio y profesionalizado.
Radiografía del sector fitness en Mallorca: del gimnasio de barrio a una industria que mueve millones
El boom del ejercicio físico no solo se aprecia en la calle, en las redes sociales o en la apertura constante de nuevos centros. También se refleja en los datos. Balears fue en 2023 la comunidad autónoma con mayor porcentaje de ejercicio físico regular en el tiempo libre y, según la Encuesta de Hábitos Deportivos en España 2024/25, la segunda con mayor proporción de población abonada o socia de un gimnasio.
Ese arraigo se traduce también en el consumo: Balears lidera el gasto medio por hogar en servicios recreativos y deportivos, muy por encima de la media española.
La presidenta de la Asociación de Empresarios de Instalaciones Deportivas de Balears (AEIEB), Naty Company, sitúa ese cambio en una escala estructural. Habla de “varios cientos de centros entre gimnasios, estudios boutique, centros de entrenamiento personal y grandes instalaciones deportivas”, además de todo el tejido empresarial asociado.
Tras la pandemia, sostiene, el sector no solo se ha recuperado, sino que ha entrado en una fase de crecimiento sostenido. “Hoy el usuario es más informado y exigente. Busca mejorar su salud, prevenir enfermedades, bienestar físico y mental, y un servicio personalizado”, resume.
Ese impulso se traduce también en más empresas vinculadas al deporte. En 2025, Balears registra 1.516 empresas de actividades deportivas, frente a las 1.200 que había en 2020, lo que sitúa al archipiélago como la comunidad con mayor densidad de empresas deportivas por habitante de España.
Las grandes cadenas
La oferta se ha diversificado con rapidez. A los gimnasios tradicionales se suman hoy grandes cadenas, estudios prémium, entrenamiento personal, boxes de crossfit y centros híbridos. Company destaca precisamente que crecen “los modelos que aportan valor añadido”, desde el enfoque boutique hasta los formatos más personalizados.
Mallorca se ha convertido además en una plaza codiciada para operadores nacionales y franquicias. Viding, que reforzó su presencia en la isla tras la compra de Illes Fitness, mantiene hoy centros en Marratxí, Calvià, AiguaBlava y Son Rapinya, mientras marcas como Anytime Fitness, VivaGym, Basic-Fit o Synergym refuerzan un mercado cada vez más competitivo.
Ese proceso se enmarca en un contexto nacional de expansión: los gimnasios españoles incrementaron su facturación en 2025, superaron los 6,2 millones de abonados y las diez mayores compañías ya controlan más de la mitad del negocio.
Una isla para entrenar
La expansión también ha saltado al espacio público. A finales de 2025, el Consell de Mallorca había impulsado la instalación de 142 módulos en distintos municipios de la isla, con una inversión superior a los cuatro millones de euros.
Mallorca cuenta, además, con un ecosistema deportivo especialmente amplio y diverso: el censo contabiliza 6.895 espacios deportivos.
Los datos de hábitos ayudan a entender esa implantación: el 74,2% de la población adulta balear practicó deporte en el último año y la salud aparece como principal motivo.
Pero el reto, advierte Company, ya no es solo crecer, sino ordenar ese crecimiento. Entre las prioridades del sector destaca la profesionalización y la regulación, con el intrusismo como una preocupación constante, además de la retención de talento, la digitalización y la sostenibilidad del negocio. Desde AEIEB trabajan también para que la cuota del gimnasio pueda llegar a deducirse en el IRPF, como en otras comunidades.
El retrato final es el de un sector que ya no puede leerse solo en clave deportiva. En Balears, y especialmente en Mallorca, ha pasado a ser una industria con peso económico, capacidad de atracción para cadenas y franquicias y una presencia creciente tanto en el espacio urbano como en el presupuesto de los hogares.

Foto: IME.
La nueva dieta del gimnasio
La nutrición se ha convertido en un pilar más de esta nueva cultura física. María Colomer, responsable de formación del CODNIB, dietista y nutricionista, observa que cada vez más personas entienden que alimentación y ejercicio no pueden ir por separado.
“Se tiene que comer para hacer deporte, no hacer deporte para comer”, resume. Y añade una idea clave: “Cualquier recomendación que pueda hacer un dietista nutricionista es para un ser humano que hace actividad física; para uno sedentario, no es salud”.
Colomer también detecta un cambio en la forma de cuidarse: ya no se plantea tanto en solitario. “Buscan un grupo social que haga deporte y muchas veces acaba viniendo la familia, la pareja…”.
La otra cara del fenómeno es la normalización de los suplementos. Proteína y creatina forman parte de este ecosistema, muchas veces sin supervisión profesional. “La gente ya te viene diciendo lo que toma. Gente joven, que te dice los colores de lo que ha comprado como si supiéramos qué es”, señala.
Para la nutricionista, esto revela una “compra desinformada de productos que si no los usas bien no les vas a encontrar un beneficio”.
“La alimentación primero, ‘food first’, y luego ver si se necesita un complemento y cuál”. La creatina, admite, es un producto seguro y habitual en deporte, pero no necesariamente imprescindible para todo el mundo, mientras que la proteína puede cubrirse muchas veces con comida real. “Si se usan, mejor que sean neutros, sin sabores”.
Su consejo final es directo: conviene consultar con un profesional. “Una buena dieta es la que da vitalidad, previene enfermedades, da energía…”.
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