El sociólogo de la UIB David Abril analiza el furor por el ejercicio físico, la centralidad del cuerpo y el peso creciente de la imagen en una sociedad cada vez más digital, más expuesta y más necesitada de referentes de orden y validación
El boom de los gimnasios y del ejercicio físico no puede leerse solo en clave deportiva. Para David Abril Hervàs, sociólogo de la UIB, detrás de esta expansión hay un cambio cultural más profundo: una sociedad en la que el cuerpo y la imagen proyectada ocupan un lugar cada vez más central. En esta entrevista reflexiona sobre la lógica del espectáculo, la exposición constante, el papel de Mallorca como territorio especialmente sensible a la apariencia y la función que hoy cumplen espacios como el gimnasio en un contexto de incertidumbre y fragmentación social.
— ¿Cómo interpretaría el auge actual del fitness y la centralidad del cuerpo en la sociedad? ¿Qué está pasando realmente?
— Ya en los años 80, cuando todavía no existían las redes sociales, pero sí la televisión, Guy Debord acuñó el concepto de “sociedad del espectáculo”, en el que la imagen personal ganaba importancia. Es lo que él llamó cosificación: ya no solo es importante ser, ni siquiera tener -eso ya lo dijo también Erich Fromm-, sino parecer. El cuerpo y la imagen que proyectamos han pasado a ser, hoy en día, tanto a través de las redes como fuera de ellas, un elemento central de nuestras vidas y, en cierta forma, del funcionamiento de la sociedad.
— ¿Qué ha cambiado respecto a hace 10 o 15 años en la relación con el cuerpo?
— Llevamos varias crisis económicas concatenadas, que también han transformado la sociedad. La covid, por ejemplo, más allá de que mucha gente empezó a hacer gimnasia en sus casas durante el confinamiento, y de que esto supuso después un incremento de las actividades deportivas, implicó sobre todo una intensificación de la digitalización de la sociedad. Y, por tanto, también intensificó esa sociedad que se basa en enseñar todo el tiempo nuestra imagen, y mejor si esta imagen es la de un cuerpo “normativo”.
— ¿Estamos ante una moda o ante un cambio cultural más profundo y duradero?
— Bauman habla de los nuevos rituales en las sociedades urbanas, en el sentido de que, como las religiones ya no tienen la importancia que tenían antes, algo que ahora nos da orden y estructura en el día a día son los gimnasios o la actividad física. Por ejemplo, también hay muchísima más gente que antes de la pandemia que practica running. También pienso que, en una sociedad cargada de incertidumbre y precariedad para la mayoría, cuidar el cuerpo nos da una cierta sensación de que “estoy aquí”. De hecho, frente a estados de depresión u otros problemas mentales, los profesionales suelen recetar, además de medicación, hacer ejercicio físico.
— En un contexto como Mallorca, con exposición constante al cuerpo por la playa, el turismo y determinados estilos de vida y profesiones, ¿cree que este fenómeno se intensifica?
— Por supuesto. La propia isla vive de su imagen. Y también es así tanto con los residentes como con quienes nos visitan. Nuestros cuerpos, en una sociedad turistizada, están mucho más expuestos que en otras sociedades. A esto se suma que las empresas de servicios, especialmente en todo lo que implica contacto con el público, también valoran mucho la imagen que proyectan sus trabajadores y trabajadoras, lo que Catherine Hakim llama “capital erótico”.
— ¿Cómo están influyendo las redes sociales?
— Hay una parte positiva, en lo que respecta a la salud, y creo que el confinamiento en algunos casos contribuyó a concienciar a la gente de la importancia de cuidar nuestra salud y, por tanto, también nuestro cuerpo. Pero hay otra parte algo enfermiza, como ver a niñas que ni siquiera han alcanzado la adolescencia enganchadas a rutinas de “skin care”.
— Tradicionalmente, la presión estética se ha asociado más a las mujeres. ¿Está cambiando esto? ¿Qué está ocurriendo con los hombres?
— Por desgracia, la “igualdad”, en este caso, ha derivado en una equiparación entre la cosificación que sufrían las mujeres y la que ahora también sufren los hombres. En realidad, es equiparación, no igualdad. Pero bueno… Un dato: según la Sociedad Española de Cirugía Plástica, los hombres ya suponen el 15% de todas las operaciones de cirugía estética. En otras intervenciones no tan intensivas, estoy convencido de que los hombres llegarán a equipararse a las mujeres, pero esto es algo negativo, tanto para ellas como para ellos. Somos mucho más que un cuerpo.
— ¿Hacia dónde cree que va esta tendencia? ¿Veremos una mayor intensificación o un cierto desgaste?
— También conozco a mucha gente de más de 40 años que está yendo al gimnasio porque estos espacios juegan también un cierto papel como lugares de socialización. Mientras asociaciones, sindicatos y ONG pierden peso en una sociedad cada vez más fragmentada, este tipo de espacios lo ganan, porque igual tenemos la necesidad de encontrarnos con otras personas y de compartir cosas con ellas. Todo apunta a que, si es una moda o una tendencia, va para largo, porque es el resultado de una sociedad bastante perdida en la que intentamos agarrarnos a cosas que nos den una cierta seguridad. Los datos nos dicen que la meritocracia es un engaño -por mucho que nos esforcemos, si no has nacido rico, es muy difícil que puedas serlo-, pero el esfuerzo en el gimnasio sí que se nota en el cuerpo a corto plazo. En otros ámbitos de la vida, por desgracia, no es así.

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