Josep Pons

En la novela “La insoportable levedad del ser” de Milan Kundera, dice la esposa del protagonista: “Nuestras vidas están bombardeadas por casualidades”. De esta manera se descarga al ser humano de responsabilidades en las decisiones. A raíz del último atentado frustrado contra el presidente de Estados Unidos, Trump compareció ante los medios para afirmar que la violencia política es hasta cierto punto normal y que su cargo de presidente es inherente a este riesgo. La insoportable levedad de las casualidades, sin responsabilidad propia.

Trump está montando una escandalera en torno a la OTAN por voluntad propia, no por casualidad. Recordemos: la OTAN no fue un capricho europeo ni una imposición. Entre 1942 y 1945, cientos de miles de jóvenes norteamericanos perdieron la vida en defensa de la libertad de Europa frente al nazismo. Al terminar la guerra, la Unión Soviética había ocupado los países bálticos, Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumanía, Bulgaria y Moldavia. A cambio de una independencia formal, fueron dirigidos y controlados por la Unión Soviética y el Partido Comunista Soviético hasta 1991.

La reacción occidental fue la creación de la OTAN ante el riesgo de que la URSS se expandiese todavía más hacia Occidente (en Francia, Italia y Grecia el partido comunista era muy fuerte y numeroso). Europa tenía que reconstruirse (eso fue el Plan Marshall) para no ser vulnerable a las soflamas comunistas y tenía que defenderse. De esto último se encargaría Estados Unidos a través de la OTAN.

Esta organización defensiva convenía a todo el mundo. Unos a reconstruir y otro a proteger. Estados Unidos boicoteó todos los intentos de los europeos de crear un sistema defensivo propio diciendo que no necesitábamos duplicidades. De esta manera se intentaba también evitar el crecimiento de una industria europea de defensa y conseguir que los europeos comprasen siempre equipamiento militar a Estados Unidos, lo que hacen en un 80%.

Es injusto que Trump amenace a los aliados europeos con abandonarlos o que sostenga que la guerra con Ucrania es una guerra convencional que afecta a los europeos. Hay algo que Trump parece olvidar. El éxito del proyecto europeo es también un éxito político y de seguridad que cambió el escenario europeo, ya que como “daño colateral” produjo la desaparición de la URSS y la insignificancia de los partidos comunistas en Europa.

Para Trump los acontecimientos son casualidades siempre que le beneficien y acciones deliberadas cuando le perjudican. Se queja de que sus aliados no le ayudan en la guerra contra Irán cuando Estados Unidos ni les avisó, ni les consultó. La guerra contra Irán no reúne ninguno de los requisitos que exige la OTAN para justificar una acción defensiva. Pero eso a Trump le da igual. Solo cuentan los fines.


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