El fotógrafo mallorquín José Hevia lleva décadas construyendo la mirada sobre el espacio construido

Autorretrato de José Hevia.

Autorretrato de José Hevia.

La fotografía ha sido clave para definir cómo se entienden los espacios, los edificios y su relación con el entorno. A través de su trabajo, José Hevia (Palma, 1976) ha contribuido durante décadas a construir esa mirada, situándose en un lugar donde la imagen no solo documenta, sino que interpreta y comunica la arquitectura contemporánea.

Su interés por esta disciplina nació durante sus años de formación en Bellas Artes, en un contexto de revisión crítica de la arquitectura moderna.

“Ambas disciplinas tienen la función como base. La relación entre fotografía y arquitectura siempre ha sido muy natural, tanto como instrumento para proyectar como para comunicar”, explica el fotógrafo.

Su trabajo, presente en proyectos muy diversos —“a veces incluso antagónicos entre sí”—, parte de una idea clara: “El que manda es el edificio en cada caso, incluso más que su arquitecto o el fotógrafo de turno. Hay que estar abierto a lo fundamental de cada proyecto”.

La influencia de la imagen a la hora de entender una obra arquitectónica, añade Hevia, “depende de cuánta carga de intención se le dé al reportaje. Los hay muy narrativos y otros que solo quieren situarse en un espacio neutro, descriptivo”.

Captar arquitectura mediterránea

En el caso de Mallorca, esa mirada se articula en torno a una tradición arquitectónica muy definida. Hevia señala que “siempre se ha hecho hincapié en la revisión de la arquitectura vernácula de subsistencia, tan propia de Balears, una base que el movimiento moderno en el sur de Europa supo reinterpretar con acierto”.

Actualmente, explica, muchos arquitectos contemporáneos en la isla continúan trabajando sobre esa herencia, incorporando soluciones ligadas al clima y al lugar, como los sistemas pasivos de climatización o el uso de materiales de proximidad.

Marjades

9HPP Marjades, en Inca.

José Hevia, quien ha desarrollado también su trabajo personal en Mallorca, reconoce que no ha puesto en el centro “los temas clave del análisis del territorio local”. Sin embargo, añade, “de una forma inconsciente o accidental, la gentrificación, el pretourbanismo, la turistificación o la pérdida de identidad cultural traspasan las imágenes constantemente”.

A pesar de que para el mallorquín “la fotografía de arquitectura no ha cambiado mucho desde el siglo XIX”, con la irrupción de la inteligencia artificial “estamos frente a un cambio masivo en el mundo de la imagen”. La cuestión, concluye, “será si el documento conservará su valor como registro o no”.

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