Licenciada en Farmacia por la Universidad de Navarra, Carmen Planas pronto se dio cuenta de que quería orientar su trayectoria profesional hacia el ámbito de la gestión y la dirección. “Siempre he sido muy activa, y aunque me gustaba como carrera, no quería dedicarme toda mi vida a estar en una farmacia”. Por eso se formó en dirección hospitalaria en ESADE, entre otros estudios, antes de iniciar una trayectoria ligada a la gestión sanitaria que, como reconoce, “me divertía más”. En 2014 asumió la presidencia de la CAEB, cargo que ha renovado este año para un cuarto “y último” mandato. La gran dama del empresariado balear se ha enfrentado en estos años a una pandemia y varias crisis económicas, pero el próximo año le llega una efeméride especial: la CAEB cumple 50 años. “Porque también tenemos mucho que celebrar”.

Carmen Planas

Carmen Planas, en su despacho de la Confederación de Asociaciones Empresariales de Balears. Fotos: Jaime Verd.

– Al asumir la presidencia de la CAEB habló de sentirse “rodeada de corbatas”. ¿Sigue siendo así hoy?
– En su momento, sí que era así. Hasta ahora, el mundo empresarial y, sobre todo, el directivo ha sido tradicionalmente muy masculino. Además, en mi caso venía del ámbito sanitario y no me conocían, por lo que había bastante recelo. En Madrid, por ejemplo, en el Comité Ejecutivo de la CEOE solo había dos presidentas territoriales, Margarita Fernández, de Melilla y yo. Yo llegué allí y dijeron ¿quién es ésta? Pero con el tiempo eso ha ido cambiando. Siempre digo que cuando mis nietas crezcan ni se lo van a plantear, porque cada vez hay más igualdad.

– ¿Ser mujer aporta una forma distinta de liderar?
– Yo creo que sí, porque tenemos una forma distinta de ver las cosas. Somos diferentes, cada uno con sus ventajas e inconvenientes. Quizá nosotras tenemos una visión más amplia, más humana y cercana. Pero tanto hombres como mujeres pueden liderar y hacerlo bien.

El territorio es limitado y la población no puede crecer de forma indefinida

– ¿Qué ha aprendido durante todos estos años al frente de la CAEB?
-He aprendido mucho, porque antes solo conocía la gestión hospitalaria y farmacéutica, pero no tenía esa visión del conjunto del tejido empresarial. En la CAEB trabajamos con más de 90 asociaciones sectoriales distintas, cada una con sus peculiaridades y sus problemas. Eso hace que cada día siga aprendiendo.

– Hablando de empresas, la economía de Balears no deja de crecer, pero se pierde productividad y competitividad. ¿Qué está fallando?
– Uno de los principales problemas es el tamaño de las empresas. En España, el 99,8% son pymes y la mayoría tienen menos de diez trabajadores. En países como Alemania o Francia, las empresas son más grandes y, por tanto, más competitivas y productivas. A esto se suman carencias en formación y captación de talento. Para mejorar la productividad es clave incorporar innovación, tecnología y personal cualificado. Pero volvemos al problema de base: aquí hay muchos autónomos y empresas de dos o tres trabajadores a los que ya les cuesta llegar a fin de mes, e implementar esto es mucho más complicado. También influye la presión fiscal, que está por encima de la media europea. En este país tenemos una presión fiscal muy elevada. Según la OCDE, es de las más altas de Europa, hasta el punto de que cuesta más trabajar que consumir. Muchas veces el empleado no es consciente de su coste real para la empresa, ya que un trabajador puede ver en su nómina unos 1.200 euros netos al mes, pero la empresa paga cerca de 2.000 entre cotizaciones a la Seguridad Social, IRPF, pagas extra, vacaciones y otros costes asociados.

Carmen Planas

– Cuando habla de mejorar la productividad, ¿qué significa eso en una empresa concreta?
– Es hacer lo mismo con menos recursos, que no significa con menos personal. Se trata de ser más eficiente. Esto pasa por incorporar automatización, tecnología y digitalización, en definitiva, apostar por la innovación. En este contexto, la inteligencia artificial puede ser de gran ayuda para mejorar procesos, aunque nunca va a poder sustituir la parte humana de las personas.

– ¿Dónde se sitúa el equilibrio entre crecimiento económico y presión sobre el territorio?
– Es un equilibrio muy complicado. Balears tiene un territorio limitado y en los últimos años la población ha aumentado mucho, de un millón a un millón y medio, y no podemos seguir creciendo indefinidamente. Pero, al mismo tiempo, necesitamos trabajadores para sostener la actividad económica y también hace falta más vivienda. Por eso, es necesario mejorar y ampliar infraestructuras, como en el caso de las carreteras y las depuradoras, para poder soportar la presión actual, porque durante muchos años no se ha avanzado al ritmo de dicho crecimiento. Y más aún si tenemos en cuenta que en verano alcanzamos los dos millones de personas con la llegada de turistas.

Las mujeres tenemos una visión más amplia, más humana y cercana

– ¿Es necesario poner un límite a la llegada de turistas?
– No digo que haya que poner un límite a la llegada de turistas. La clave está en cambiar volumen por valor, apostar por la calidad, mejorar la oferta y regenerar zonas maduras, donde hoteles de 2 o 3 estrellas pueden subir de categoría. Así podremos atraer un visitante con mayor poder adquisitivo. También es importante alargar la temporada y distribuir mejor los flujos, para que la actividad no se concentre solo en julio y agosto, por ejemplo, reduciendo las conexiones aéreas en verano y aumentándolas en otros meses.

– ¿No se corre el peligro de ofrecer una imagen demasiado elitista?
– No lo creo, porque todavía hay mucho camino por recorrer. Tenemos una oferta muy variada, con muy buenos hoteles de tres y cuatro estrellas en zonas de playa y otros de cinco estrellas en Palma. Hay opciones para todo tipo de público y, además, la demanda existe en todos los niveles porque los hoteles están llenos.

Carmen Planas

– ¿Hay vida más allá del turismo?
– Vivimos del turismo y del sector servicios, eso es así, y el 80-90% de la actividad gira en torno a ellos. Ahora bien, también hay empresas tecnológicas que están creciendo y ganando peso, y hay margen para reforzar la parte industrial, aunque hoy tenga menos presencia que antes. El problema es que emprender en nuestro país es complicado. Hay mucha burocracia y poner en marcha un proyecto puede llevar años. Muchos empresarios tienen ideas, pero al final se desaniman por la cantidad de trámites y dificultades.

– ¿El aumento de las bajas laborales se ha convertido en un problema estructural?
– Siempre he defendido que cuando una persona está enferma debe estar de baja, pero es cierto que es un problema que está en boca de empresarios, administraciones y patronales, porque el nivel de absentismo en España es muy elevado. Según datos de la CEOE, cada día faltan a su puesto de trabajo alrededor de un millón y medio de personas. El impacto en las empresas, especialmente en las pymes, es muy grande. En plantillas pequeñas, una sola baja puede obligar a reducir actividad o incluso a cerrar temporalmente. Además, se da una situación llamativa: hay más bajas entre trabajadores de entre 30 y 45 años que entre los mayores de 45, y una parte importante está relacionada con problemas de salud mental, que son procesos complejos de larga duración. A esto se suman algunos casos puntuales de uso indebido y la saturación de la sanidad pública. Las listas de espera retrasan diagnósticos y altas médicas, y las bajas se alargan más de lo necesario. Por eso Balears es la primera comunidad autónoma donde se ha impulsado un acuerdo de colaboración público-privada para que las mutuas puedan ayudar a agilizar pruebas diagnósticas.

Muchos empresarios tienen ideas, pero al final se desaniman por la cantidad de trámites y dificultades

– ¿Qué impacto puede tener la regularización de inmigrantes en el mercado laboral balear?
– Desde la patronal creemos que hay que dar salida a la economía sumergida. Muchas de estas personas ya trabajan de forma irregular y lo razonable es que puedan hacerlo de manera legal, coticen a la Seguridad Social y tengan las mismas obligaciones y derechos que el resto, como la sanidad o la educación. Ahora bien, defendemos una regularización ligada al empleo y a la formación, es decir, con un proceso que garantice su capacitación para así aumentar la productividad y la competitividad de las empresas. Pero no estamos de acuerdo con que se concedan permisos a personas que luego no vayan a trabajar y dependan de ayudas para poder vivir, porque los recursos del Estado son limitados.

Carmen Planas

– Existe la percepción de que el mundo empresarial se siente más cómodo negociando con gobiernos de derechas que de izquierdas. ¿Es así?
– Cuando se trata de representar a las empresas lo importante es el diálogo, no el color político del gobierno. Nuestro papel es defender los intereses del tejido empresarial y llegar a acuerdos. Para ello, hay que exponer los problemas, escuchar y buscar soluciones que funcionen para ambas partes, ideologías aparte. En mi experiencia, me he sentido igual de cómoda trabajando con la izquierda que con la derecha. He coincidido con gobiernos del PSOE y del PP, con los que hemos tenido que afrontar situaciones muy complejas, como la pandemia o el actual contexto económico marcado por la guerra, y hemos trabajado de la mano en la búsqueda de soluciones.

– ¿Cree que la figura del empresario está bien valorada en la sociedad balear?
– Cuando llegué a la CAEB tuve claro que había que poner en valor la figura del empresario. Por eso impulsé la gala y el Premio al Empresario del Año, porque durante mucho tiempo ha estado bastante demonizada. El empresario es quien arriesga su patrimonio, sacrifica tiempo personal y familiar, invierte y genera empleo. Sin empresarios, no habría trabajo. Creo que la percepción general está mejorando y en Balears el nivel de confianza de la ciudadanía en los empresarios está por encima de la media nacional.

Carmen Planas


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