Ecos de la guerra: La isla importa más de 800.000 toneladas de alimentos al año y cuenta con un margen limitado si se interrumpe el suministro

Las tensiones en el estrecho de Ormuz han puesto de manifiesto la fragilidad del transporte marítimo global. En un territorio insular como Mallorca, un escenario de interrupción de suministros tendría un impacto casi inmediato. “Si no llegara ni una sola caja, tenemos recursos para aguantar entre cuatro y cinco días. A partir de ahí, empezaría a haber algún problema con los productos perecederos, como el pollo, la carne y el pescado, y una pérdida progresiva de variedad en el resto. Pero si no hay yogur de fresa, pues habrá de melocotón”, explica Bartolomé Servera, presidente de la Asociación de Empresas de Distribución de Alimentos, Bebidas y Limpieza (ADED).

Ecos de la guerra. ¿Cuánto aguantaría Mallorca ante un bloqueo marítimo?

Imagen generada por IA.

Según datos de la Conselleria de Agricultura, en Mallorca se consumen alrededor de un millón de toneladas de productos agroalimentarios al año. Con una producción local que apenas cubre entre el 10% y el 15% de la demanda, el grueso del consumo —más de 800.000 toneladas anuales— depende de la llegada constante de mercancías del exterior.

En este sentido, el informe Cadenes alimentàries de Mallorca, impulsado por el Govern balear, señala que la autosuficiencia se limita a muy pocos productos: solo frutos secos y patatas alcanzan niveles de cobertura plena. En un segundo nivel, hortalizas, legumbres y huevos presentan una producción relevante, aunque insuficiente para cubrir la demanda. El vino se sitúa en una posición intermedia, con un nivel de autosuficiencia bajo. A partir de ahí, la dependencia del exterior es muy elevada o prácticamente total en buena parte de la cesta básica. En algunos casos, como los aceites, los productos lácteos o el arroz, la producción local es prácticamente inexistente, mientras que en otros, como la carne, el pescado o la leche, apenas alcanza una fracción del consumo.

“Hoy, cualquier región del mundo necesita suministros del exterior, nadie es autosuficiente. Un colapso aquí sería más grave porque es una isla, pero que falten determinados productos no quiere decir que nos quedemos sin comer”, matiza Servera. El sistema cuenta con cierto colchón gracias al producto congelado y a la capacidad de almacenamiento del sector de la distribución, con “más de 200.000 metros cuadrados de almacenes y cámaras, que operan habitualmente al 80% y alcanzan el 100% en temporada alta para garantizar el suministro”, indica.

Soberanía alimentaria

Este hipotético escenario puede parecer lejano o incluso exagerado, pero en opinión de Malén Mesquida, gerente de la Associació Fora Vila —que agrupa a propietarios de fincas, explotaciones agrícolas y ganaderas y agroturismos— permite poner el foco en dos realidades “poco visibles y alarmantes”: la fragilidad del sistema y la escasa soberanía alimentaria de la isla. “La gente está acostumbrada a ir al supermercado y encontrar de todo, pero no se plantea de dónde viene ni cómo llega. Y con lo que se produce en Mallorca se podría sobrevivir, como mucho, entre 20 y 30 días, según me han informado expertos del sector. Pero es un tema que parece no importar porque no ha pasado nunca”, señala.

Ecos de la guerra. ¿Cuánto aguantaría Mallorca ante un bloqueo marítimo?

Malén Mesquida, gerente de la Associació Fora Vila. Foto: M. M.

A la dependencia exterior se suma la paulatina pérdida de capacidad productiva, como reflejan los recientes cierres de la lechera Agama y de la cooperativa de patatas s’Esplet, en sa Pobla. Un proceso que, lejos de corregirse, se retroalimenta: a medida que desaparecen explotaciones locales, aumenta la necesidad de importar. “Es la pescadilla que se muerde la cola”, resume Mesquida.

Detrás de esta dinámica confluyen varios factores. “No es que no haya leche en Mallorca, es que competir con la que llega de fuera es muy difícil. La calidad es buenísima, pero el problema es el precio”, señala. La misma lógica se repite en otros sectores: “Aquí se producen vinos extraordinarios, pero todo lo demás —las botellas, el corcho, las etiquetas— viene de fuera y encarece el producto”.

A ello se añade el coste del suelo, marcado por la especulación y la presión urbanística, así como la falta de medidas que compensen la insularidad y faciliten la actividad agraria. “Lo más fácil es vender o reconvertir la tierra; lo difícil es hacerla rentable. Con apoyo al sector primario, podríamos alcanzar un 50% o un 60% de autosuficiencia”, concluye.


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