
El artista, durante la inauguración de la exposición “Vida y muerte” en Duisburg, Alemania. Foto: Govern IB.
Acercarse a la obra de Miquel Barceló es hacerlo con el temor de minimizar el ingente universo artístico de su autor. Toda su creación puede entenderse como una cadena plástica enlazada a una trayectoria plagada de momentos de gran impacto artístico.
Biel Amer. Palma.
Es fácil seguir el itinerario de Miquel Barceló; lo que resulta bastante más difícil es trazar ese recorrido artístico y personal. En su extenso De la meva vida, un recorrido autobiográfico, relata cómo tuvo una infancia larga y muy rica, y destaca cómo el olor de la pintura al óleo impregna sus sentidos y su piel, cerca del mar o zambullido cubierto de restos de pintura.
Barceló recorre toda su saga familiar, instalada en Mallorca desde el siglo XIII, y recuerda a algunos antepasados también llamados Miquel Barceló: uno escultor y otro historiador y escritor. “Pintar, nadar, leer. Eso es lo que siempre he hecho”, afirma con la seguridad y la convicción de quien sabe desde la infancia que su vida estará rodeada de pinturas y dibujos, de mar y de libros. Aunque escribir siempre estará tan cerca de la pintura como el lápiz o el pincel. “Escribo porque no tengo nada para leer”, lo dice —lo escribe— en Gao, Malí, en mayo de 1988, durante su primera estancia en la tierra africana, su otro puntal terrenal.
Su impecable recorrido artístico está jalonado de grandes proyectos asumidos desde una fidelidad absoluta a la obra plástica. Su primer gran apoyo como pintor provino de su madre. Ella fue quien le cedió el caballete y los primeros tubos de pintura al óleo, permitiéndole también que ocupara un piso superior de la casa para tener allí su primer estudio. El propio artista recuerda emocionado cuándo su madre cambió la pintura por el bordado, un gesto en el que se vislumbra la futura trayectoria del artista. Ambos llegaron a crear obras conjuntamente, un legado familiar nunca exhibido.
En 1982 inició su eclosión internacional a raíz de su participación en la Documenta VII de Kassel. Junto a Basquiat y Haring —ambos fallecidos años después— formó parte de un trío de jóvenes promesas cuyo impulso sirvió para mostrar los cambios que se avecinaban en el arte contemporáneo.
El editor y escritor Pepe Ribas, fundador de la revista Ajoblanco, publicó en 1993 una extensa entrevista con Miquel Barceló. Ampliamente documentada con material fotográfico de Jordi Esteva, desvelaba aspectos esenciales de su vida artística y personal desde su refugio-casa-taller en Cap Farrutx. Es un momento vital que transita entre Mallorca, Malí y París, sus tres puntos cardinales, aquellos que sostienen tanto su estabilidad emocional como las fuentes de inspiración que catapultan su creatividad. “Siempre he tenido tendencia a utilizar lo que tengo a mi alrededor”, responde sobre la importancia del contacto con esos pueblos y su influencia.
Su vida ya está llena de idas y venidas, exposiciones, inauguraciones y actos sociales. Aunque nunca ha tenido mucha vida social, sí reconoce el impacto que le causó conocer a Andy Warhol, tanto por su ascendencia artística como por la Velvet Underground.

Intervención de Miquel Barceló en la capilla
del Santísimo en la catedral de Mallorca. Foto: Raúl Beltrán.
En el año 2000, coincidiendo con su nombramiento como doctor honoris causa, llegó el encargo para realizar una intervención en la capilla del Santísimo de la Seu de Mallorca. La propuesta surgió de la UIB, la Universitat de les Illes Balears, y fue acogida con entusiasmo por el entonces obispo de Mallorca, Teodor Úbeda. El proyecto, inspirado en la multiplicación de los panes y los peces, debía cubrir la capilla de trescientos metros cuadrados.
Años de trabajo, idas y venidas, comentarios negativos, presiones y desinformación permitieron inaugurar la monumental obra en 2007. Hoy, la catedral es una de las más visitadas del país, superando ampliamente el millón de personas que acceden al monumento gótico, incluido el acceso a la capilla transformada por Miquel Barceló.
“En África, al principio, hacía esculturas de yeso cuando había demasiado viento para pintar… Allí nadie usa el yeso, la arcilla es el material tradicional”. De ahí surge su destreza en el uso de ese material, no solo recurrente para el objetivo de la catedral, sino también para su trabajo artístico con la cerámica.
Así lo muestra la intervención artístico-teatral en sa Llonja con la performance Paso doble, un ejercicio en el que Barceló y el coreógrafo Josef Nadj representaban la construcción de una obra artística mediante la arcilla.
Un nuevo encargo internacional abrió otra controversia en torno al artista. Ajeno a ellas, más políticas que artísticas, Barceló se dispuso a modificar la cúpula de la sala de reuniones del Palacio de las Naciones de la ONU en Ginebra, inaugurada en 2008. Tras meses de pruebas, consiguió llenar el techo del goteo mítico, inspirado en las estalactitas de las cuevas mallorquinas. “Escupir la pintura. Pintar el techo y provocar una lluvia de pintura”, así lo expresó él.
La vida artística de Miquel Barceló está contenida en numerosas publicaciones editoriales y catálogos de su obra. Destacan L’univers artístic de Miquel Barceló, de Catalina Cantarellas, publicado por la UIB en 2003; A mitad del camino de la vida, de Dore Ashton, publicado por Galaxia Gutenberg en 2008; así como escritos y dibujos del propio autor, entre ellos Quaderns d’Àfrica, publicado por Galaxia Gutenberg en 2004, y De la meva vida, publicado por Galaxia Gutenberg en 2024. Indispensables son también El mar de Barceló y Mar de fang, documentales de Agustí Torres.

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