CONTENIDO ESPECIAL OCIO’26
Los cellers y el recetario tradicional definen una cocina ligada al producto local y al territorio
Inca conserva en su mesa una parte esencial de su identidad. La tradición gastronómica del municipio, profundamente arraigada en la historia local, se ha transmitido de generación en generación, vinculada al producto de proximidad y a una forma de entender la cocina ligada al territorio y a la vida cotidiana.

Los históricos cellers de Inca conservan la esencia de la cocina típica mallorquina. Fotos: Ajuntament d’Inca.
Los cellers —antiguas bodegas reconvertidas en casas de comida tradicional— se erigen en los guardianes del legado culinario inquer, donde la arquitectura y la historia forman parte de la propia experiencia gastronómica. El Celler Can Ripoll conserva la esencia de las bodegas barrocas de los siglos XVII y XVIII, con una amplia sala subterránea de techos altos y arcos de medio punto. El Celler Tonet, también de la misma época, destaca por su portal de piedra viva y un interior donde el envigado se apoya en un pilar de hierro forjado. Por su parte, el Celler Can Lau mantiene su carácter familiar, con elementos originales como el cubo de piedra donde fermentaba el vino y barricas históricas —una de ellas de 1840— que evocan el pasado vinícola de la comarca.

Los caracoles, entre otros platos, forman parte de ese recetario popular vinculado a la tierra y a la tradición gastronómica de Inca.
En sus mesas se despliega un recetario que resume siglos de tradición mallorquina con un distintivo carácter propio de la capital de Es Raiguer. El frit, uno de los platos insulares más antiguos, combina carne, verduras y especias en una elaboración tan sencilla como intensa. Las sopes reinterpretan el concepto de sopa con una base de pan, hortalizas y caldo, mientras que el arròs brut ofrece un plato sabroso y especiado que varía según la temporada. El tumbet pone en valor el producto de la huerta con capas de patata, berenjena y pimiento, y la sobrasada, elaborada con carne de cerdo y pimentón, se mantiene como uno de los grandes símbolos no solo de Inca, sino de toda Mallorca. Y si hay una fórmula que sintetiza esta diversidad es el variat, una combinación de pequeñas raciones que permite recorrer distintos sabores en un solo plato, muy arraigada en la cultura popular.

Fachada del Celler Can Ripoll.
El recetario tradicional también se mantiene vivo en la repostería. Las ensaimadas, ligeras y esponjosas, conviven con especialidades como los congrets, un bizcocho denso muy típico de Inca elaborado con harina, huevos y azúcar, y el torró fort, a base de almendra, miel y azúcar, un dulce que trasciende la temporada navideña.
Más allá de cada plato, la gastronomía típica de Inca refleja una manera de vivir y de compartir que ha sabido mantenerse a lo largo de los tiempos. Porque la memoria de Inca también se escribe a través de su cocina.

Recuerdos del pasado vinícola de la comarca de Es Raiguer.

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