El dispositivo contra incendios forestales de Balears se prepara para campañas cada vez más largas y de mayor riesgo
“Notamos veranos más largos, más calurosos y más secos, y tenemos que estar más atentos que nunca”, subraya Joan Simonet, conseller de Agricultura, Pesca i Medi Natural. Ante este escenario, el Operatiu Interinsular d’Incendis Forestals (OIIF) despliega su máxima capacidad entre el 1 de mayo y el 15 de octubre, periodo de mayor peligro, para proteger cerca de 250.000 hectáreas de superficie forestal, un patrimonio de gran valor paisajístico, ambiental y económico, clave en el equilibrio del territorio.

Brigadas forestales intervienen sobre el terreno para contener el avance de las llamas y evitar su propagación. Fotos: D. G. Gestió Forestal.
En verano, los recursos se refuerzan hasta superar los 350 efectivos, cinco helicópteros y cinco aviones. En tierra, participan brigadas forestales del Institut Balear de la Natura (IBANAT), agentes de medio ambiente y efectivos de Protección Civil, apoyados por autobombas y una red de más de 160 depósitos de agua repartidos por las islas. Todo ello bajo un sistema de coordinación definido, con protocolos claros y distintos niveles de actuación según la gravedad del incendio. “No hay nada improvisado y cada uno sabe lo que tiene que hacer”, señala Simonet.
Pero la lucha contra el fuego no se limita a esos meses. “Nunca se termina, hay retenes preparados de forma permanente”, afirma. Porque ese escudo frente al fuego, en el que el Govern invierte 20 millones de euros anuales, se construye durante todo el año.

Helicóptero del dispositivo antiincendios.
La estrategia se articula en dos frentes. “Lo primero es evitar los incendios, y después luchar contra ellos”, resume Simonet. Siguiendo la máxima de que “los incendios se apagan en invierno”, el trabajo en esos meses se centra en la prevención: limpieza de masas boscosas y creación de franjas de seguridad para facilitar el acceso en caso de fuego. “El bosque no se puede dejar salvaje, porque se acumula combustible y aumenta el riesgo”, advierte. También se actúa en zonas próximas a viviendas, carreteras y caminos, puntos especialmente sensibles por la presencia humana. “Un cigarrillo mal apagado, un cristal, la basura… son focos que pueden desencadenar un incendio”, explica el conseller.
De hecho, de los 82 incendios registrados en 2025, solo el 8,54% tuvo origen natural (rayos), mientras que el 29,26% se debió a negligencias o accidentes y el 39,02% fueron intencionados; el resto responde a causas desconocidas o reproducciones. “Por eso son tan importantes las campañas de información y concienciación ciudadana”, añade. En este sentido, el sistema AlertaFoc informa a diario del nivel de riesgo por municipios y de las actividades permitidas.
Respuesta inmediata

Simonet (dcha.), en el centro de control del operativo contra incendios forestales. Foto: J. S.
A partir de ahí, el escudo entra en sus fases más visibles: detección y respuesta. La vigilancia permanente se articula desde un centro de control que monitoriza las islas mediante una red de 19 cámaras y nueve puestos de vigilancia, a lo que se suman los avisos ciudadanos que llegan del 112. Cualquier indicio de fuego o columna de humo activa el operativo. “Aquí trabajamos con despacho automático, es decir, que sin confirmación previa ya se envía un helicóptero con brigada y un avión. Ante cualquier duda, se sale”, explica el gerente del IBANAT, Tomeu Llabrés. Este sistema permite atacar de inmediato la mayoría de conatos, ya que “si actúas rápido, un incendio se apaga con un cubo de agua”, afirma Simonet.
A pesar de que 2025 se cerró como el segundo mejor año desde que existen registros en cuanto a superficie quemada, con 17,09 hectáreas afectadas, “no significa que tengamos que bajar la guardia, todo lo contrario”, insiste.

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