La doble campeona del mundo Malén Sart reivindica el carácter sostenible de una disciplina exigente y desmonta los prejuicios que la rodean

Un destello de luz atraviesa el agua y se refleja en las escamas de un pez. Todo está en silencio. Solo el latido contenido de quien aguanta la respiración bajo el agua y observa, paciente, a su presa. De repente, un atún de 300 kilos pasa a apenas unos metros. “Lo más fascinante es que cuando te sumerges nunca sabes lo que vas a encontrar, y esa sorpresa se convierte en felicidad”, explica Malén Sart. Para esta binissalemera de 57 años, la pesca submarina es “una forma de vida. Me siento más a gusto en el agua que en tierra”.

Malén Sart

Malen Sart muestra un dentón de 4,950 kilos, una de las piezas que más valora por su dificultad. Foto: M. S.

Sart no se adentró en esta disciplina hasta cerca de los 40 años. “Intenté empezar a los 25, pero no había trajes de mi talla. El material estaba más enfocado a los hombres”, recuerda. Pasada la treintena, encontró un traje a su medida y se lanzó al agua, fusil en mano. “Me di cuenta de que se me daba bien y me enamoré al instante”.

En 2013, animada por su marido, Sebastià Torre, y por Tomeu Salas, figura clave de este deporte en España, dio el salto a la competición… entre hombres, ya que no existía categoría femenina. “Les dije que a ver si se habían vuelto locos, pero fue un acierto”. Lejos de ser un obstáculo, fue una motivación.

El punto de inflexión llegó en 2016, con el primer Nacional Femenino en Porto Cristo, y en 2019 con la primera prueba internacional, el Europeo en Dinamarca. El resto es historia: dos Mundiales —en Cerdeña (2021) y Cantabria (2023)— y tres campeonatos de España que la sitúan entre las grandes referencias de este deporte.

Entre todos sus logros Sart destaca una prueba en Mallorca tras la pandemia, en la que se impuso a todos los participantes, hombres incluidos. “Me lo tuvieron que confirmar tres veces, no me lo creía. Esa victoria me marcó para siempre”, reconoce. No solo se le daba bien: competía a un buen nivel.

Malén Sart

Sart (centro), en el podio con el oro de Laredo ’23. Foto: M. S.

Del primer mundial se queda con un reconocimiento al alcance de pocos deportistas: el Club Perlas Manacor, su casa, renombró su prueba dentro del Circuito de Mallorca como “Trofeo Malén Sart”. “Me hizo mucha ilusión, fue un honor”. El segundo título, en Laredo, ocupa un lugar único en su memoria. “Ganar rodeada de los tuyos y en España… no creo que pueda volver a vivir esa felicidad. Fue lo máximo”. ¿Y ganar un mundial en Mallorca? “Tendría demasiado estrés y no disfrutaría tanto”, admite entre risas.

Una gran desconocida

“Todos conocen a Cristiano o Messi, incluso con quién salen, pero pocos en la isla saben quiénes son Pep Amengual o Pedro Carbonell, o qué es la pesca submarina”, señala Malén Sart. A pesar de que estos dos mallorquines —junto a Joan Gomis, Alberto March y Sart— suman diez mundiales, esta disciplina sigue siendo una gran desconocida.

“Siempre tengo que aclarar que es una actividad en apnea, porque todavía la mayoría piensa que se hace con botellas. Y que desciendes, observas y decides si capturas o no, si consigues poner el pez a tiro. Así de simple”, explica. Esa capacidad de elección es, precisamente, una de sus señas de identidad. “Es una pesca selectiva totalmente sostenible y nuestro reglamento y normativa así lo define”, aclara.

A ello añade una idea básica de consumo responsable: “Yo me como todo el pescado que capturo y, de hecho, mi madre está encantada. Nos sale un bullit de peix estupendo”.

Además, cada vez que sale al mar aprovecha para recoger residuos, “sobre todo plásticos, pero no solo los que flotan, sino también los del fondo marino. Hay zonas del Mediterráneo que parecen vertederos”, denuncia.

Malén Sart

La doble campeona mundial posa para Mallorca Global Mag en la Bahía de Palma. Foto: J. S.

Sin embargo, los prejuicios a menudo señalan a la pesca submarina como responsable del deterioro del mar, pero Sart se rebela: “Somos invitados en un maravilloso medio natural y los primeros interesados en protegerlo y respetarlo. Lo que es un desastre ecológico son los métodos de pesca industriales como el arrastre o el cerco, y de este último, como ejemplo, una reciente captura de 23.000 kilos de corvina en desove en las costas de Huelva en una sola jornada de pesca”.

Esta demonización, añade, se explica también en una curiosa distinción. “Si queremos pescar en la reserva marina de Migjorn o de la Badia de Palma, tenemos que pedir autorización y pagar una tasa, pero el pescador de caña no. ¿Qué estudios hay que justifiquen esta diferencia? No lo puedo entender”.

Impulso en redes sociales

En los últimos años, las redes sociales han contribuido a dar visibilidad a este deporte, pero también ofrecen una imagen distorsionada: inmersiones de más de 50 metros de profundidad o pesca extrema en aguas bravas. “Son cosas que solo pueden hacer grandes especialistas de este deporte y que, además, han necesitado varias salidas para hacer un solo vídeo. Tú ves eso, tienes 20 años, intentas hacerlo y puedes tener un grave accidente, incluso mortal (un síncope, una descompresión…) y ahí está el gran peligro. Las redes sociales, pese a la espectacularidad de imágenes o capturas, no muestran la realidad de la pesca submarina”, sentencia.

Malén Sart

Malén Sart, su marido Sebastià Torre y Tomeu Salas, figura clave de este deporte en España. Foto: M. S.

Por eso, Malén Sart insiste en la importancia de una buena preparación y grandes dosis de prudencia. “Formarse en apnea y su seguridad, conocer tus propios límites, llevar una boya y, sobre todo al principio, no salir nunca solo, son las claves básicas”, apunta. Palabra de campeona del mundo.


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