La dietista-nutricionista y responsable de formación del CODNIB, María Colomer, habla sobre el aumento de la práctica de ejercicio físico, la normalización de suplementos como la proteína o la creatina y la importancia de poner la alimentación en el centro
La alimentación se ha convertido en uno de los grandes pilares del auge del ejercicio físico, pero también en un terreno lleno de confusión, tendencias y consumo poco informado. María Colomer, responsable de formación del CODNIB, dietista y nutricionista, reflexiona sobre cómo han cambiado las consultas, qué papel juegan hoy los suplementos y por qué, frente al ruido del mercado fitness, sigue siendo esencial volver a una idea básica: la alimentación primero.
— En los últimos años, ¿ha percibido un cambio en el tipo de consultas relacionadas con alimentación y fitness? ¿Se busca más rendimiento, estética…?
— La perspectiva que tengo sobre la actividad física y la alimentación está algo sesgada, porque trabajo con personas que vienen precisamente porque ya hacen actividad física o porque se les recomienda que la hagan. El mensaje clave, para mí, es que cualquier recomendación alimentaria que pueda hacer un dietista-nutricionista está pensada para un ser humano que realiza actividad física; para una persona sedentaria, eso no es salud. Siempre debe ir acompañado. Hay que hacer una hora de actividad física diaria, que no tiene por qué ser ir al gimnasio: puede ser andar, subir escaleras… En consulta, lo que vemos es que cada vez más personas tienen claro que alimentación y ejercicio tienen que ir de la mano. Muchas llegan porque no consiguen resultados. Se apuntan al gimnasio, pero no ven cambios en su composición corporal, se ven igual. Y ahí aparece una confusión bastante habitual: “como hago deporte, voy a comer”. Pero en realidad uno tiene que comer para hacer deporte, no hacer deporte para comer. En cuanto al fitness entendido como apuntarse al gimnasio, sí que hay bastante boom, sobre todo entre adolescentes, porque tienen cuotas baratas en muchos centros y van mucho. Pero no sé hasta qué punto es más un centro social que una práctica física real. Tengo mis sospechas.
— ¿Qué perfil de usuario están detectando? ¿Ha cambiado respecto a hace unos años?
— En mi caso, trabajo en un centro donde también hay fisioterapeutas y preparador físico, así que el perfil es muy variado, de todas las edades, porque comer comemos todos. Sí que he percibido un cambio importante: muchas veces acaba viniendo la familia, la pareja… La gente entiende que esto también consiste en cambiar el entorno y rodearse de un contexto más saludable. Buscan un grupo social que haga deporte: gimnasio, correr, bici… o incluso en casa. Traen al marido, a la mujer… Ese cambio sí lo he notado. No tanto la idea de “voy a hacer esto solo para mí” o “voy a seguir esta dieta que he leído”, sino una visión más integrada dentro de un entorno saludable.
— El consumo de suplementos como proteína o creatina se ha normalizado mucho. ¿Diría que hoy se utilizan por necesidad real o más como parte de una tendencia?
— La gente ya viene diciéndote lo que toma. Es un poco como cuando una persona mayor dice: “me tomo la pastilla azul o la naranja”. Hay gente joven que te habla de los colores de lo que ha comprado como si nosotros tuviéramos que saber qué es, sin saber siquiera si lleva hidratos, solo proteína o qué composición tiene. Eso refleja una compra desinformada de productos que, si no se usan bien, no van a aportar ningún beneficio. En recomendaciones sobre suplementos, lo que hay que tener muy claro es que, si se usan, sean sin edulcorantes y sin colorantes. Si voy a elegir uno con un nutricionista, que es quien orienta en este sentido, debería ser neutro. Porque, aunque sabemos que las cantidades de aditivos autorizadas son seguras, en un consumo continuado seguimos teniendo dudas sobre sus efectos en la salud, especialmente en la salud intestinal. La gente compra sabores, pero de eso hay que huir. Si lo necesitas -y eso lo valora un nutricionista-, debe ser neutro, tanto si hablamos de proteína como de creatina, que son los más consumidos. De hecho, la creatina ha llegado a duplicar su precio porque hay muchísima demanda. Pero tomar más proteína no quiere decir que vaya a haber más músculo. Tiene que haber acompañamiento, otros nutrientes, y además la proteína también se puede conseguir a través de los alimentos. Es cierto que cuando hablamos de compuestos concretos, como la creatina, habría que ingerir mucho alimento para alcanzar ciertas dosis. Pero con la proteína tenemos muchos alimentos que la aportan: huevo, harinas desgrasadas de frutos secos, legumbres, carnes, pescados… Podemos conseguir perfectamente esa merienda posterior a un entrenamiento solo con comida real.
— En este contexto, ¿detecta desinformación o uso sin supervisión profesional de este tipo de productos?
— Sí, bastante. Yo distinguiría entre suplemento y complemento. Un suplemento sería algo que necesitas cuando la alimentación no llega, por ejemplo en un paciente oncológico que no tiene hambre. En personas sanas, muchas veces hablamos más de complemento. La alimentación primero, food first, y luego ver si hace falta un complemento y cuál. Puede ser proteína, hierro o cualquier otro, pero eso requiere una valoración integral. La proteína, por ejemplo, es muy fácil de utilizar y puede ser útil en casos concretos: un chaval que no va a poder merendar, alguien que necesita hacer una comida después de una competición y busca comodidad… Ahí puede tener sentido. Pero en la mayoría de personas, si no quisieran utilizar un producto comercial, podrían hacerlo con alimentos. Lo que aportan estos productos, muchas veces, es comodidad: en lugar de cocinar, lo tienes resuelto.
— ¿Cómo está afectando este auge del fitness al propio sector de la nutrición? ¿Ha aumentado la demanda de profesionales? ¿Existe intrusismo o banalización del asesoramiento?
— Yo soy dietista-nutricionista, y ahora vemos con frecuencia a profesionales como preparadores físicos o monitores de gimnasio que, a veces, no tienen una titulación universitaria que les dé una visión global de la fisiología y de la salud humana, y aun así recomiendan sin más, sin conocer realmente a la persona. Entiendo que para el público general eso puede parecer muy lógico: esta persona está aquí, se dedica al fitness, así que parecerá que sabe de esto. Pero no tiene por qué. Si queremos un consejo de alimentación, deberíamos asegurarnos de que viene de un dietista-nutricionista. Hay distintos perfiles: algunos trabajan solo la alimentación; otros basan el plan en alimentación, pero con complementos. Lo importante es que el público se asegure de que quien da el consejo tiene conocimientos. No vale el “a mí me ha funcionado”. De hecho, en publicidad alimentaria están prohibidas muchas comparaciones que generan expectativas falsas.
— ¿Hay más gente estudiando nutrición?
— Sí. Yo acabé hace 25 años y entonces solo había tres universidades. Ahora creo que hay unas veinte en España que ofrecen Nutrición Humana y Dietética. Sí que hay un interés creciente por la alimentación. En el sistema público de salud apenas hay dietistas-nutricionistas, pero aun así hay más oferta formativa; aquí, por ejemplo, existe una facultad privada adscrita a la UIB.
— Desde su experiencia, ¿cree que estamos en un momento en el que la alimentación se utiliza más para construir una imagen corporal que para cuidar la salud?
— Yo diría que, en un porcentaje muy alto de los casos, hay una motivación de pérdida de grasa corporal. Pero es verdad que últimamente eso viene acompañado de una idea más saludable: no hacerlo con un principio y un final, sino como un cambio de hábitos. Si acuden a nosotros, en lugar de hacerlo con una aplicación, con un libro o con la dieta de fulanito, ya son personas que tienen claro que no se trata de una dieta sin más, sino de cambios de hábito para mejorar la salud. Quieren sentirse sanos, tener energía… Una buena dieta es la que da vitalidad, previene enfermedades y aporta energía. Una dieta que limita alimentos, que puedes mantener tres meses y después te devuelve a lo de siempre, no es una buena dieta.
— La creatina se ha convertido en uno de los productos más visibles de este boom. ¿Qué habría que tener claro sobre ella?
— La creatina es un compuesto que encontramos sobre todo en carnes, pescados y huevos. Pero para alcanzar la cantidad que aporta un complemento habría que ingerir mucho alimento. En deporte es muy habitual, porque de momento tenemos bastante seguridad sobre su uso, así que es frecuente utilizarla en personas que hacen ejercicio. Como todo complemento que se pone de moda, la industria busca nuevos nichos de venta. Si antes estaba muy orientada a deportistas, ahora se intenta ampliar a mujeres menopáusicas, personas mayores, etcétera. Es un producto seguro, pero eso no quiere decir que sea necesario para todo el mundo. Y, sobre todo, lo primero que hay que trabajar bien es la alimentación, porque eso es lo que realmente va a producir un cambio. Por mucho que añadas complementos, no vas a conseguir el resultado esperado si la base no está bien. En general, cuando entras en consulta no se recomienda creatina de primeras. A los padres, por ejemplo, les recomendamos que, si sus hijos quieren usarla, acudan a un profesional. El hecho de que quieran cuidarse ya es un muy buen punto de partida. Lo que falta es encaminarlo bien. Con una o dos consultas, en personas sanas, se puede hacer de forma sencilla una planificación de comidas y valorar si necesitan o no un complemento, cuál sería el adecuado y cómo usarlo de forma razonable. Antes de consumir nada, lo mejor es consultar con un profesional de la nutrición que valore qué necesitas realmente. Muchas veces pides una analítica y ves por qué hay falta de energía o qué nutriente está fallando. Antes de consumir, siempre hay que valorar con un profesional.

Deja tu comentario