
Foto: Noah Dillon.
A los 33 -la edad de Cristo- Rosalía ha firmado con LUX el lanzamiento más rotundo de su carrera. Ni los regresos de Alejandro Sanz o Pablo Alborán, ni el empuje imparable del mallorquín Rels B -el artista español más escuchado de 2025- han podido disputarle el centro de gravedad cultural que la catalana ha ocupado desde su salida en noviembre.
Los datos hablan solos. Rosalía acumula 40 millones de oyentes mensuales en Spotify, muy por encima de los 24,8 millones de Rels B o los 12,7 millones de Aitana. LUX debutó con 42,1 millones de streams en un solo día, el mejor arranque global de la historia para un disco en español interpretado por una mujer, duplicando la salida de Motomami.
Y el fenómeno no se quedó en el streaming: vendió 17.457 vinilos en una semana en España, una cifra insólita en un mercado donde el top habitual apenas roza las 3.000 unidades. Un tsunami físico y digital que traspasa fronteras: ocho de cada diez visualizaciones en YouTube llegaron desde fuera de España.
En paralelo, su canción Divinize ha hecho historia como la primera canción en catalán en debutar en el Top 50 Global de Spotify, un logro sin precedentes que reabre el mapa de las lenguas minoritarias en la industria. Y todo esto, tras anunciar el disco sin single previo, desafiando la lógica del algoritmo musical.
Idiomas y místicas
En LUX conviven trece idiomas -del español al japonés, pasando por el árabe, el siciliano o el hebreo- y un coro de místicas que construyen un imaginario espiritual único y articulan el universo simbólico del disco.
Su impacto excede la música: solo un fenómeno mundial puede reunir en un sketch de La Revuelta a Almodóvar, Putellas, Machi, Carmena, Estopa… en una delirante junta de vecinos. Y es que su cuarto álbum no solo ha pulverizado récords: ha trazado un manual preciso de cómo convertir un lanzamiento en acontecimiento cultural. Un movimiento tan afinado que probablemente se estudie en facultades de comunicación.
Entre polémicas -como su reciente choque con Miguel Adrover- y guiños mediterráneos -desde su aparición con Almodóvar en Dolor y gloria hasta aquella partida de cartas con patatillas y olivas en Despechá, grabada en Portitxol-, Rosalía vuelve a situarse en el centro del debate público.
Como la Sibila, anticipa y conmueve: la artista ha activado un territorio simbólico donde la espiritualidad dialoga con lo contemporáneo. Y, con LUX, ha movido el suelo de la música pop.
Otra vez.

Deja tu comentario