Aleix CalverasEl acceso a la vivienda se ha convertido en “el asunto político y social más potente hoy, tanto en Europa como en todo Occidente”, indican desde la ONU, y las cifras avalan esta visión: desde 2010, el precio medio de venta de las casas se ha disparado un 55% en la UE, y el de los alquileres un 27%.

Este fenómeno, sin embargo, tiende a concentrarse en las grandes aglomeraciones urbanas, donde convergen dinámicas económicas, demográficas y territoriales específicas. Las ciudades de mayor tamaño son más productivas, con más oportunidades laborales y una mayor diversidad de servicios (profesionales, comerciales, culturales), lo que atrae más población. Y esa presión adicional recae sobre un mercado de vivienda cuya oferta no ha respondido con suficiente agilidad.

La respuesta a medio y largo plazo ante la subida de precios y alquileres no puede ser otra que aumentar la oferta residencial. El diablo, sin embargo, está en los detalles. El mercado debe jugar un papel, pero también el urbanismo: recalificación de suelo, flexibilización de los plazos administrativos y un marco que oriente la construcción hacia vivienda residencial media y de precio limitado y no exclusivamente hacia segmentos de lujo.

En el caso de Balears, las tensiones inmobiliarias han avanzado en paralelo al fuerte crecimiento poblacional de las últimas décadas, muy ligado al desarrollo del sector turístico. Si no se adoptan políticas de contención de este crecimiento demográfico, cualquier aumento de la oferta residencial será insuficiente. Y, dicho sea de paso, si se hubieran aplicado medidas de contención en el pasado, hoy no sería tan necesario seguir construyendo… En cualquier caso, en Balears contener el crecimiento poblacional implica actuar sobre la actividad turística. Por ejemplo, reducir el número de plazas turísticas disponibles, sin que ello tenga por qué traducirse en una disminución del valor económico generado por el sector.

El incremento de la oferta de vivienda es una estrategia de largo recorrido, pero algunas medidas sí pueden tener efectos rápidos. La reducción de pisos turísticos puede devolver vivienda al mercado residencial en el corto plazo. Otra medida posible es el control de precios del alquiler, algo que para los economistas convencionales, entre los que me incluyo, es una blasfemia: la libertad de precios proporciona información sobre la escasez y genera incentivos para aumentar la oferta. Sin embargo, los precios también determinan el reparto de rentas, hoy con grandes efectos sobre la desigualdad. Es posible que existan fórmulas de regulación de precios que, aplicadas con prudencia y de forma temporal, pudieran ser útiles. Pero, dadas las implicaciones de una mala implementación, por ahora prefiero mantener una postura agnóstica al respecto.