
En primer lugar, porque desde antes de la Unión Soviética imperio reclamaba fronteras seguras por miedo a una invasión que le podía llegar tanto desde la civilizada Europa o desde el este con China y Mongolia como peligros permanentes. En segundo lugar, desde el término de la segunda guerra mundial hasta finales de 1991, la URSS solo tuvo frontera directa con cuatro países potencialmente peligrosos: Noruega, Finlandia, China y Mongolia. El resto de los países fronterizos por tierra eran amigos, políticamente en la órbita soviética.
Tras la desaparición de la URSS, Rusia tiene frontera con 14 países de los cuales solo Bielorrusia podría considerarse amigo. Los demás pueden ser conflictivos en cualquier momento. El caso más trágico y evidente es el de Ucrania.
Putin no podía consentir que Ucrania se acercase a la UE y a la OTAN porque significaba separarla definitivamente de su área de influencia. Por eso atacó Rusia y también por una concepción errónea de la historia de los dos países. En la actualidad Rusia tiene 146 millones de habitantes, un PIB per cápita nominal de 14.079 dólares (España tiene 32.630 euros) y un PIB de 2 billones de euros ligeramente inferior al de Italia, 2 billones doscientos mil millones de euros.
¿Por qué Rusia es una amenaza con esas cifras tan malas? Porque tiene armamento nuclear. Porque no es una democracia y sus dirigentes no tienen que justificarse ante nadie. Porque el presidente Putin quiere recuperar el espíritu y el territorio (si fuese posible) de la antigua URSS. Porque con los vientos que corren en Estados Unidos y en China, el presidente ruso se atreve a actuar agresivamente sabiendo que, aunque no tenga apoyo directo, no se le van a enfrentar. Porque Putin trabajó muchos años para el KGB y ahora Rusia se infiltra en numerosos países para influir en la toma de decisiones.
El problema para los europeos es que Trump ha dejado de considerar a Rusia como una amenaza global para convertirla en un peligro para Europa y eso nos deja sin manta para cubrir nuestras miserias. Hay miles de kilómetros a través del Atlántico y solo unos centenares para llegar Kiev o, quien sabe, a Polonia.
Necesitamos una defensa europea y un ejército europeo para que Rusia deje de amenazarnos y para echar un pulso al gigante venido a menos. Si no fuese por la bomba nuclear…

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