Arturo Botey cuenta cómo Perú y China lograron sorprenderle después de 50 años descubriendo nuevos horizontes

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Arturo Botey posa ante la Ciudad Prohibida, un conjunto histórico que le dejó un recuerdo imborrable de su paso por Pekín. Fotos: A. B.

Arturo Botey, pediatra jubilado de 73 años, lleva casi toda su vida recorriendo el mundo. “Viajar es una de mis grandes pasiones, una debilidad”, reconoce. Siempre lo había hecho por libre, siguiendo su propio rumbo y sin recurrir a trayectos organizados. Hasta que un día, paseando, algo le hizo detenerse: el cartel del viaje Perú Fascinante en el escaparate de la Travel Store GRAND azulmarino. “Vi que anunciaban Machu Picchu y que no era un viaje multitudinario de 50 o 60 personas”, recuerda. Ese formato -grupos reducidos, un itinerario pensado para sentir el país y un guía acompañante desde España- fue lo que le hizo replantearse su manera de viajar. Y tras dos experiencias con ellos, asegura que ha sido “todo un acierto”.

El alma de Perú

El país andino era un destino que “siempre había querido conocer”, y en 2024 lo vivió con la intensidad de quien por fin cumple un sueño. “Fue todo lo que esperaba y más”, resume este experimentado viajero. Le fascinaron la energía de Lima, la historia de Cuzco y la elegancia luminosa de Arequipa, donde vivió uno de los momentos más memorables: “Es alucinante pasear por el Monasterio de Santa Catalina”, por su colorida belleza y su ambiente casi irreal. Y, por supuesto, la llegada a Machu Picchu, que describe sin dudar como un lugar “impresionante y único”, con sus ruinas centenarias impregnadas de misticismo.

El recorrido por el altiplano le mostró otra cara del país: Puno, los paisajes abiertos y la vida tranquila del lago Titicaca. Allí pasó una mañana con los habitantes de las islas flotantes, hechas con juncos, y se maravilló de que “vivan como hace cientos de años, conservando su propia cultura”. También visitó bulliciosos mercados de abastos, donde pudo comprar productos locales y charlar afectuosamente con los lugareños, porque, como afirma, “la gente es muy acogedora”. Y entre sabores, admite que disfrutó como nunca: “Perú es una potencia gastronómica mundial”, asegura, y confiesa entre risas que terminó aficionándose al pisco sour, el popular cóctel local.

China, un mundo aparte

A China viajó en 2025, después de “más de 30 años queriendo ir” y “no me decepcionó en absoluto, al contrario, porque no sabía qué esperar”, explica Botey. El viaje China. Abrimos la Muralla le permitió descubrir ciudades muy modernas, seguras y cómodas, con servicios “de otro nivel” y cambios sociales que se atisban a pie de calle. Pero, sobre todo, inmensas: “Si alguien quiere ver una gran ciudad, que no vaya a Nueva York; Shanghái es abrumadora”. También le impresionó la Ciudad Prohibida de Pekín, “brutal, alucinante”, un recinto enorme en el que se suceden los templos. Visitó además el Buda de Jade, que recuerda como “una maravilla”, y el museo de Xi’an con sus célebres guerreros de terracota. Entre paisajes, destaca la excursión a Zhangjiajie -la zona que inspiró parte de la película Avatar-, con sus montañas imposibles que califica de “increíbles”.

La gastronomía fue otro de los grandes descubrimientos del viaje. “La comida que disfruté allí no tiene nada que ver con la que se sirve aquí en los restaurantes chinos; es incluso mejor, más sabrosa, la condimentan muy bien”, asegura. Uno de los momentos que más disfrutó fue ver cómo preparaban los platos en unas grandes parrillas a la vista: “Era todo un espectáculo ver al cocinero trabajar”. También visitaron una casa tradicional de té y, más tarde, una vivienda familiar para conocer cómo se organiza la vida cotidiana en China, un gesto que valora por la cercanía con la que los recibieron. Son “extraordinariamente amables”, subraya.

Arturo Botey tiene claro que seguirá viajando “mientras el cuerpo aguante”. Ya prepara su próxima aventura: Nepal y Bután. Y tiene claro que volverá a hacerlo con GRAND azulmarino, la Travel Store que logró sorprenderle después de tantos años en ruta.

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