A los 61 años, la profesora de pilates Silvia Guidi ha dado un vuelco a su vida para cumplir su sueño de competir en fisicoculturismo

En octubre, durante la Balear Cup de fisicoculturismo, el Auditori d’Alcúdia estallaba en aplausos con el anuncio de la ganadora. Pero el presentador quiso añadir algo más. “Voy a contar un secreto: tiene 61 años”, reveló. De inmediato, la sorpresa y la admiración se adueñaron del público y del resto de las participantes. “Muchas personas se me acercaron, no lo podían creer. Fue muy emocionante porque sentí que todo el esfuerzo había valido la pena”, recuerda Silvia Guidi, propietaria del estudio Pilates Plus en Palma.

Fisicoculturismo Silvia Guidi 01

En los días previos a la competición, Silvia Guidi afronta un estricto régimen físico y alimenticio. Fotos: S. G.

A principios de 2025, Guidi decidió cumplir su sueño de juventud. La aparición de nuevas categorías de fisicoculturismo como la Shape —que valora la definición y la proporción por encima del tamaño muscular y corporal— le permitió hacerlo realidad. “No pensé en la edad ni un segundo. Solo quería comprobar si era capaz de llevar mi cuerpo y mi mente hasta ese nivel de exigencia”.

Su día a día ha cambiado por completo, desde sus horarios y alimentación hasta sus rutinas de entrenamiento y su estética. Se levanta a las cinco de la mañana y comienza con media hora de bicicleta estática. Desayuna avena con proteína, fruta y dos huevos. Come cuatro veces al día y acompaña su dieta con suplementos como creatina, omega 3 y proteína en polvo. Las raciones son siempre medidas: unos 100 gramos de verduras o ensalada y entre 80 y 120 de proteína —pollo, pescado o carne magra—. Nada de fritos ni procesados. “No cuento calorías, cuento calidad”, explica. Entrena dos horas diarias, alternando pesas, cardio y trabajo de flexibilidad, un esfuerzo que compagina con sus clases de pilates.

El cuerpo al límite

Pero la verdadera exigencia llega antes de competir. En las semanas previas reduce los carbohidratos al mínimo y controla el agua al detalle: empieza con hasta ocho litros al día y los va reduciendo hasta casi nada para “secar” el cuerpo. Dos o tres días antes vuelve a incorporar carbohidratos para que el cuerpo se recupere y el músculo luzca lleno y firme. “Es el trance más duro —admite—. Lo que se ve en el escenario no es cómo estamos siempre. Es una puesta a punto casi científica”.

También la estética forma parte del nuevo ritual. Lleva uñas largas de vértigo y extensiones en el pelo, y antes de competir se tiñe la piel para resaltar su escultural físico y se aplica un maquillaje profuso. “Hay que exagerar un poco, porque las luces se comen todo”, dice entre risas.

Además, su pasión tiene un precio: un par de bikinis de competición pueden costar hasta 800 euros, los zapatos de tacón de dieciséis centímetros unos 280, y los suplementos alrededor de 300 euros mensuales. A eso se suman el entrenador, los tintes y las inscripciones en las federaciones. “Es más caro que el golf. Prefiero que me regalen proteína antes que flores”, bromea Silvia Guidi.

Su vida social también ha cambiado. Las comidas fuera de casa se han vuelto una excepción y las salidas improvisadas, casi imposibles. “Tus amigos tienen que entenderlo o se alejan. Aprendes a decir que no”, admite con gran serenidad.

Guidi asegura que no lo hace por los trofeos, sino por la satisfacción personal. “Son solo diez minutos sobre el escenario, pero valen meses de esfuerzo. En este proceso he aprendido que la disciplina, el respeto al cuerpo y la constancia te cambian más que cualquier otra cosa. Y que después de días sin carbohidratos, un brócoli puede saber como una trufa”.

La evolución física de Silvia Guidi en imágenes

 

 


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