La antigua planta de Es Carnatge se ha transformado en el mayor vivero marino de España
Donde antes rugían motores diésel y se alzaban humeantes chimeneas, hoy se cría vida. En los terrenos de la antigua central térmica de Sant Joan de Déu, en Es Carnatge de Palma, parte de la infraestructura que durante décadas impulsó el consumo eléctrico de Mallorca sirve ahora para producir 50 millones de alevines de lubina, dorada y corvina al año. Es la piscifactoría Aquicultura Balear, de la firma Cooke España con sede en Murcia, un ejemplo de reconversión industrial donde la energía fósil ha dado paso a una actividad que genera el 5% de los alevines de estas especies criados en el Mediterráneo. “Podemos decir que llenamos un plato de pescado al año en la mesa de cada español”, resume su director, Alberto Morente.

Un técnico de Aquicultura Balear supervisa una de las piscinas de cría en Sant Joan de Déu, donde se desarrollan millones de alevines. Foto: ABSA.
Bajo la superficie de lo que fue la central, clausurada en 2002 y desmantelada cinco años después, late todavía su antiguo pulso. En los años ochenta, Endesa excavó en la roca un canal de cien metros para refrigerar la planta con agua de mar. A lo largo del conducto se abren treinta pozos que hoy alimentan las piscinas donde serpentean los peces. “El subsuelo de Mallorca está formado por marés, una piedra porosa que actúa como filtro natural. El agua mantiene su salinidad intacta, pero llega limpia, a 20 grados y sin microorganismos”, explica Morente. Esa pureza, añade, “es la mejor materia prima para criar a un animal”.
De la antigua central se reutiliza mucho más que el canal: se han aprovechado los emisarios de captación y vertido, parte del sistema de bombeo y canalizaciones subterráneas, además de los centros eléctricos y de transformación. En sus 40.000 m² de parcela también se han reciclado antiguos edificios, como las cocheras de las brigadas, reconvertidas en el nuevo criadero inaugurado en marzo de 2025. “La estructura era perfecta; solo tuvimos que vaciar el interior y construir dentro las piscinas y los equipos que necesitábamos”. Un aprovechamiento que cobra aún más sentido en una isla de territorio y recursos limitados.
Cien millones en una década
La producción de Aquicultura Balear ha pasado de siete millones de alevines en 2004 a cincuenta millones en la actualidad, con el objetivo de duplicarla en la próxima década. A las especies habituales —dorada, lubina y corvina— se suma ahora un reto: la serviola, “muy apreciada por el consumidor balear, pero difícil de reproducir”, señala Morente. Todas estas especies, añade, “se venden muy bien en España y Europa, y se están abriendo nuevos mercados en Norteamérica gracias a la red comercial de Cooke”, el gigante canadiense de la industria del mar al que pertenece la piscifactoría desde 2010.

El control de reproductores y crías es una tarea constante en la piscifactoría palmesana. Foto: ABSA.
Este crecimiento se apoya en cuatro pilares fundamentales: sostenibilidad, bioseguridad, innovación y bienestar, tanto de los peces como del centenar de trabajadores de Aquicultura Balear, entre biólogos, veterinarios, técnicos y operarios especializados, “que son esenciales para el buen desarrollo de la actividad”, destaca Morente. La piscifactoría produce su propio oxígeno, gran parte del alimento y pronto también su energía, gracias al proyecto de una planta solar. Además, nuevos sistemas de recirculación permitirán reutilizar el agua para “aprovechar al máximo este recurso tan valioso”, apunta. La tecnología también juega un papel importante, ya que parte de la maquinaria —desde los sistemas de alimentación hasta las líneas de manejo— se diseña ex profeso para agilizar la producción, pero, sobre todo, para garantizar el bienestar de los animales y proteger a los trabajadores. “Producimos energía, agua y alimento; tres actividades esenciales que deben ser sostenibles”, resume Alberto Morente.
El viaje de Es Carnatge al plato
Fotos: ABSA.
01. Reproductores: el origen de la vida. Todo comienza con ejemplares adultos de cuatro a siete años, seleccionados por su robustez y calidad genética. En piscinas con luz y temperatura controladas se modula la puesta y se ajusta el ciclo reproductivo a la producción. Los huevos se cosechan a diario y eclosionan en incubadoras.
02. Cultivo larvario y destete. Durante los primeros 35 días las larvas se nutren de zooplancton enriquecido con vitaminas y ácidos grasos, al que se añade un colorante que permite comprobar su alimentación. Al alcanzar el tamaño de una aguja, aprenden a comer pienso seco, se clasifican por tallas y se realiza el primer contaje.
03. Control de calidad, bienestar y bioseguridad. Cada fase del proceso está sometida a controles exhaustivos, con especial atención a la trazabilidad y la prevención de enfermedades. Se aplican medidas constantes de vigilancia para garantizar el bienestar animal y la calidad final del producto.
04. Preengorde. Con dos gramos de peso, los peces pasan a esta fase, que se realiza entre Sant Joan de Déu y Es Murterar, en Alcúdia, donde Aquicultura Balear – Cooke España mantiene otra instalación en la antigua central térmica, otro ejemplo de reutilización de infraestructuras en el pasado dedicadas a la producción de energía. Allí crecen hasta alcanzar los quince gramos.
05. Viaje al Levante. Cuando miden unos quince centímetros y pesan alrededor de quince gramos, los alevines viajan en barco, en bodegas oxigenadas, hasta las nueve granjas marinas que Cooke España gestiona en el litoral levantino, donde crecen en viveros flotantes durante meses.
06. Bon profit! Al alcanzar el tamaño comercial, los peces se distribuyen por los mercados de medio mundo. Hay un 50% de probabilidades de que uno de estos ejemplares nacidos en Palma acabe servido en nuestro plato.







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