Docomomo Ibérico promueve el debate sobre los 49 edificios del Movimiento Moderno en la isla
Mallorca atesora un legado arquitectónico que, pese a su proximidad temporal y su apariencia cotidiana, pasa desapercibido para muchos. Se trata de decenas de edificios que conforman la huella del Movimiento Moderno en la isla: un patrimonio frágil y decisivo que la Fundación Docomomo Ibérico —cuyo patrón en Mallorca es el COAIB— se dedica a documentar, estudiar y proteger desde su creación en 1993.
“Nuestra labor es identificar qué merece ser protegido, explicar por qué, debatir cómo intervenir en estos edificios y cómo adecuarlos a las necesidades de la sociedad actual sin perder sus valores esenciales”, afirma Jaime Revuelta, vocal del Colegio de Arquitectos y representante del Patronato de Docomomo Ibérico en Balears.
“Los nuevos edificios modernos que se empezaron a construir a partir de 1925 no solo abordaron nuevos programas y formas, sino que lo hicieron a través de la experimentación con nuevos materiales y tecnologías, poco ensayados hasta entonces”, explica Revuelta, quien lamenta que, “por tratarse de un patrimonio abundante y muy reciente, es poco valorado por la sociedad y las administraciones”.
- Mallorca Tenis Club. Francesc Mitjans Miró. 1960-62. Palma. Foto: Gori Salvà/Docomomo.
- Casa Huarte. Francisco Javier Sáenz de Oíza. 1968. Pollença. Foto: Jaume Rebassa Rosselló/Docomomo.
- Hotel de Mar. J. Antonio Coderch de Sentmenat, Manuel Valls Vergés. 1962. Calvià. Foto: José Hevia/Docomomo.
- Parròquia de Sant Jordi. Antoni Alomar. 1969 – -. Colònia de Sant Jordi. Foto: José Hevia/Docomomo.
La modernidad mallorquina
Entre 1925 y 1950, la mayoría de los arquitectos formados en Barcelona introdujeron en la isla un racionalismo mediterráneo, sobrio y luminoso. “Su influencia es clara: el racionalismo mallorquín nace con un sello barcelonés muy marcado”, señala Revuelta. Con la llegada del boom turístico, a partir de los años cincuenta, y el desembarco de profesionales procedentes de Cataluña y Madrid, este lenguaje arquitectónico adoptó formas más abiertas al paisaje y a la función.
Entre los 49 edificios catalogados por la Fundación en Mallorca se encuentran obras maestras como el Taller Miró de Sert, Ciudad Blanca de Sáenz de Oíza, el Hotel de Mar de Coderch y Valls, Can Lis de Jørn Utzon, la Casa Cela de J. Antonio Corrales Gutiérrez y Ramón Vázquez Molezún o el Mallorca Tenis Club de Mitjans. Este último, junto con el Taller Miró y el edificio Fénix del Marítimo, luce ya la Placa Docomomo, distintivo reservado a las piezas más significativas del Movimiento Moderno.
La lista, que también engloba edificios tan conocidos como el de Gesa, la central térmica de Alcúdia, el cine Rívoli o el Real Club Náutico de Palma, seguirá creciendo. Recientemente se han aprobado tres nuevas incorporaciones: el Instituto Español de Oceanografía en Palma, de Vicente Roig; tres viviendas adosadas en Port d’Andratx, de Coderch, y la iglesia de Cala Blava, obra de Bartolomé Vaquer.
“Con cada nuevo edificio ampliamos la visión de la modernidad mallorquina y reforzamos la necesidad de protegerla”, concluye Revuelta.

Edificio Gesa. José Falcó, Josep Ferragut Pou. 1963 – 1975. Palma. Foto: José Hevia/Docomomo.

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